30 de Junio al 26 de agosto de 2022

Angkor es un sitio arqueológico, situado en el noroeste de la actual Camboya, que fue la capital política y religiosa del imperio khmer (o jemer), entre los siglos IX y XV de nuestra era. El vasto territorio comprendía además lo que hoy son Tailandia, Laos, Vietnam, Malasia y parte de Birmania.  Alrededor de la ciudad proliferaron un grupo de magníficos templos monumentales, de piedra y ladrillo, entre los que sobresale el deslumbrante Angkor Vat de imponente arquitectura y decorado con bajorrelieves inspirados en el Ramayana y el Mahabarata,  textos fundamentales épico-poéticos de la India. 

Paulatinamente, estas construcciones fueron abandonadas y la mayoría fue, total o parcialmente, destruída y cubierta por la vegetación selvática circundante. Lo que el tiempo y la incuria no arruinó totalmente, durante el régimen nefasto de los Khmer Rojos el pillaje y la dispersión de las bellísimas esculturas que ornaban los templos lo concluyó. De todo ese esplendor, gracias a que el templo nunca fue abandonado, Angkor Vat pudo preservarse y sobrevivir.  

No existe una causa directa para justificar el título de esta exposición. Un pretexto para la elección es que tanto el artista como su galerista tienen una fascinación muy pronunciada por el arte y la arquitectura de la cultura khmer. Hay una cierta resonancia entre los bajorrelieves con los caracteres de la escritura khmer y las figuras fuertemente ornamentales y geométricas de la pintura de Kirin; sus imágenes no son ni pretenden ser otra cosa más que signos gráficos, no un sistema escritural o un silabario de contenido lingüístico. Se trata de una trama de formas autónomas, algunas recurrentes, pero no un lenguaje, ni una gramática de símbolos. De ningún modo una lengua ignota o conceptual. Pero sin duda son configuraciones de fuerte impacto estético, abiertas a interpretaciones diversas, cuyo fuerte contenido poético y su color (rojo de cadmio / azul profundo-casi negro) habilitan y suscitan.

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